La nueva película de Andrea Arnold mezcla realismo social con elementos mágicos en una historia sobre infancia, abandono y esperanza. Con Barry Keoghan y Franz Rogowskie.
Con Bird, la cineasta británica Andrea Arnold regresa al terreno de la realidad social tras American Honey, incorporando ahora toques de realismo mágico en una narración que mezcla crudeza y ternura. La historia gira en torno a Bailey (Nykiya Adams), una niña de 12 años que vive con su padre Bug (Barry Keoghan) y su hermano mayor en un complejo familiar de clase baja. De esta manera, Bailey transita una infancia precaria, marcada por la pobreza, la violencia del entorno y la inminente llegada de su primera menstruación.
La llegada de Bird (Franz Rogowski), un enigmático joven que busca a su familia y exhibe comportamientos casi mágicos —como encontrarse en lugares impensables o comunicar mensajes mediante pájaros—, altera la rutina de Bailey. Su presencia, tan ambiguamente onírica como simbolista, le ofrece un respiro poético y una nueva forma de mirar y comprender su mundo. Mientras tanto, Bug —con su actitud caótica y espiritualidad a ras de suelo, cantando a un sapo psicodélico o conduciendo su scooter al ritmo de Blur— aporta un contrapunto tierno y errático, interpretado con fuerza por Keoghan.
Visualmente, Bird deslumbra. La cinematografía de Robbie Ryan capta la belleza íntima de pequeños animales —mariposas, aves, insectos— y lo cotidiano con una estética cruda y vital. Arnold filma en formato similar al celular, reforzando la naturalidad y cercanía de su mundo. Las secuencias más memorables combinan lo real —la miseria, el desorden— con lo mágico, logrando instantes poéticos cargados de sensación y color .
La actuación de Nykiya Adams como Bailey es otra de las grandes sorpresas de la película. Recién debutante, transmite una mezcla de ternura, determinación y asombro ante lo desconocido, y gana empatía incluso sin artificios. Barry Keoghan, por su parte, infunde vida a Bug, con una energía cómica que oscila entre lo encantador y lo peligroso, reforzando la complejidad del mundo familiar. En tanto, Franz Rogowski aporta una presencia hipnótica, física y etérea.
Bird es una obra emotiva que brilla por su sensibilidad, la autenticidad de sus protagonistas y su forma de sentirse vivo. Aunque su mezcla de realidad y fantasía puede resultar desarticulada para algunos, hay belleza y honestidad en cada encuadre. Es una película que conmueve con sutileza y deja una marca emocional. Si te interesan los dramas íntimos, el realismo social contemporáneo y no temes al realismo mágico, deberías verla.



