Nobody 2: acción con carisma, pero sin sorpresa

Nadie 2 es como un camino conocido: sabes de qué se trata, qué va a pasar, y qué puedes esperar, pero eso no arruina la experiencia, porque te diviertes igual.

La primera entrega de Nobody (Nadie) fue una grata sorpresa para un género que parecería saturado: fresca, violenta, divertida y con un antihéroe que se robó la pantalla. Teniendo esto en mente, la secuela tenía la vara muy alta, y Nobody 2 logra alcanzarla en cuanto a espectáculo y energía, pero lo hace con un esfuerzo evidente y sin el mismo factor sorpresa que hizo brillar a la original.

En esta nueva entrega a cargo de Timo Tjahjanto, la historia arranca con un incidente aparentemente inofensivo que pronto escala en una espiral de violencia y caos. Hutch Mansell, otra vez interpretado con gran entrega por Bob Odenkirk, se mete en problemas con las personas equivocadas y el resultado es una sucesión de secuencias de acción cargadas de coreografías sangrientas, humor negro y muertes creativas. 

Todo funciona, pero desde muy temprano se vuelve evidente hacia dónde va la trama y cómo terminará, lo que le resta tensión al relato, y hay que estar abiertos a recibir una película de acción que, en comparación con la primera, se siente genérica.

Lo mejor de la película sigue siendo Odenkirk: convincente, ágil, con un carisma natural que hace que uno quiera seguirlo incluso cuando la narrativa se vuelve predecible. Añadiendo protagonismo a Connie Nielsen en el papel de Becca Mansell, quien ahora es mucho más relevante en la historia, adelantando un posible spin-off protagonizado por ella. 

También funciona el ritmo: es corta, directa y no pierde el tiempo en rodeos. Eso la hace ligera y disfrutable, ideal para quienes solo quieren ver acción bien filmada.

Sin embargo, el gran problema de Nobody 2 es que no arriesga nada nuevo. La primera entrega parecía un golpe de frescura dentro del género; esta, en cambio, se siente más como una repetición de fórmula. 

Hay momentos entretenidos y secuencias bien logradas, pero la sensación general es de estar viendo una versión menos orgánica y más calculada para una audiencia cautiva.

Nobody 2 cumple como entretenimiento puro: es ágil, brutal y divertida. Pero también es predecible y carece de la chispa que hizo de la primera una revelación. No decepciona, pero tampoco sorprende.

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