De los mismos productores de Longlegs llega Animales Peligrosos, una película de terror logra mantenerte al borde de la butaca con sustos, su sangre y una atmósfera oscura digna de El Juego del Miedo.
Dirigida por Sean Byrne, la trama se sitúa en la Costa Dorada de Australia, donde Zephyr (Hassie Harrison), una surfista que busca dejar atrás un pasado complicado, es secuestrada por Tucker (Jai Courtney), un capitán de barco con una obsesión macabra por los tiburones y por capturar víctimas humanas como parte de un ritual artístico-retorcido.
De esta manera, lo que comienza como una oferta de aventura marítima pronto se convierte en pesadilla cuando Zephyr descubre que Tucker no solo está obsesionado con los tiburones, sino que organiza una atracción mortal en la que humanos se convierten en parte del espectáculo.
Jai Courtney destaca de forma sobresaliente como Tucker. Su actuación tiene una intensidad cómplice: una mezcla de encanto inquietante, violencia contenida y demencia que se ve poco en personajes de asesinos. Hace que este villano resulte perverso, pero creíble dentro del caos. Hassie Harrison también lo hace muy bien como Zephyr: resiste, lucha y mantiene una presencia constante; su personaje logra hacer que uno se preocupe por ella, creando una “final girl” que crea un contraste con el villano enriquece la película.
No obstante, el punto débil de Animales Peligrosos es la predictibilidad. Desde bastante temprano uno va viendo hacia dónde va la historia, qué rol va a jugar cada personaje, cuál será el desenlace. Eso quita parte de la sorpresa y el suspenso que uno esperaría en un thriller de esta naturaleza; aunque eso no quita la incomodidad en muchas de las escenas sangrientas. Además, el CGI de los tiburones es irregular: a veces está logrado, otras veces distrae.
Animales Peligrosos no es una película perfecta ni pretenda revolucionar el género, pero cumple como una película de terror eficaz con actuaciones sólidas y un buen ritmo que resulta en entretenimiento sangriento. : no va a cambiar el género, pero sí lo revisita con ganas, con buen pulso y con performances sólidas, sobre todo la de Jai Courtney. Si te gusta este tipo de horror, vale la pena verla en pantalla grande.



