Eva Victor debuta como directora en Sorry baby, un relato tierno y oscuro sobre la perspectiva de sanar desde los diferentes matices de la vida misma.
Lo siento, cariño es también protagonizada por Eva Victor junto a Naomi Ackie, quienes hacen una gran dupla en este dramedy cálido, irónico y audaz.
Es el tipo de película que te estruja el corazón por momentos, pero también te libera de esa tensión con una perspectiva bella y alentadora de la realidad. Y este transitar entre la desgracia y el humor es lo que te atrapa, un tono que recuerda a las narraciones de la también guionista y actriz Phoebe Waller-Bridge (Fleabag).
Tras lo que parece un periodo de tiempo largo sin verse, Lydie (Naomi Ackie) visita a Agnes (Eva Victor) en su casa en medio del bosque, un hogar que solían compartir en sus tiempos de facultad. Inmediatamente puedes sentir la química en su vínculo de amistad.
Después de ponerse al tanto de noticias importantes y de asistir a una cena con sus excompañeros de carrera, Agnes se pone tensa y se vislumbra que algo grave le sucedió.
A partir de este momento las piezas del rompecabezas se van mostrando en capítulos del pasado que muestran qué hay detrás de la fachada de Agnes.
Luego de vivir un episodio de abuso en el contexto académico donde ella se desarrollaba las cosas cambian, Agnes trata de comprender lo que pasó pero es difícil verbalizar los hechos y aún más encontrar algún tipo de justicia; y aquí hay un apunte relevante porque para ella lo justo sería que su agresor no repita sus acciones con alguien más y no considera que un encierro sea la mejor alternativa, más bien reconstruir la conciencia y así evitar un ataque similar.
En este sentido de sobrevivir a un abuso, Sorry baby muestra cómo Agnes transita su proceso de sanación aceptando lo que sucedió a su manera y con la contención de su mejor amiga, sin dejar de lado que tiene momentos de temor y rabia consecuencia del trauma que sufrió.

Pero es esta reinterpretación del dolor lo que le permite seguir adelante y afrontar que la vida tiene tanto cosas buenas como malas y que éstas últimas no las podemos evitar, solo podemos buscar maneras de continuar; esta reflexión me parece acertada y bella porque la directora nos plantea un tema delicado desde una perspectiva de calma.
En suma a lo anterior, Agnes encuentra vínculos que le ayudan a sobrellevar la vida misma: la adopción de su gatita Olga y el encuentro con su vecino Gavin, con quien mantiene una relación en donde parece encontrar cierta felicidad pero también la distancia que necesita para su propio proceso, manteniendo un entorno apacible que le funciona.
Es un acierto de la directora abordar un tema así de complejo desde una perspectiva que lo hace más digerible y más empático al plantear la posibilidad de que lidiar con el trauma no siempre tiene que frenar la vida, que hay maneras de sanar a pesar de que el panorama sea desalentador.
Sorry baby es una de esas películas que entre más la piensas más te gusta.



