La dupla más poderosa del cine contemporáneo, Yorgos Lanthimos y Emma Stone, regresa con Bugonia, una comedia negra tan incómoda como brillante, y una de las propuestas más vibrantes del cine comercial en 2025. Tras el fenómeno artístico y mediático de Poor Things, esta cuarta colaboración (contando The Favourite y Kinds of Kindness) llega con altísima expectativa… y aun así consigue sorprender.
Lo curioso es que Bugonia no surge de la mente original de Lanthimos, sino que es un remake del clásico de culto surcoreano Save the Green Planet! (2003), una prueba de cómo el cine asiático sigue marcando tendencias que Hollywood termina absorbiendo. Y aunque esa revelación cambia la lectura de la película, no disminuye su impacto: Bugonia funciona como un espectáculo autoral disfrazado de comedia accesible, un híbrido extraño que combina filosofía social, humor absurdo y crítica política envuelta en puro caos narrativo.
La historia sigue a dos primos conspiranoicos, Teddy y Don, obsesionados con la idea de una invasión alienígena. Convencidos de que la CEO de una farmacéutica es un ser extraterrestre infiltrado en la Tierra, deciden secuestrarla, interrogarla y obligarla a “contactar a su nave nodriza”. El planteamiento es ridículo, excesivo, incluso desconcertante para un espectador que no está preparado para el tono… y ahí está la magia de Lanthimos.
Bugonia resulta una comedia negra, ácida, absurda. Pero también una película que despierta tensión moral y que toma fuerza una vez que el espectador se adapta a su ritmo. Lanthimos construye un mundo donde lo cruel convive con lo hilarante, lo grotesco con lo profundamente humano, y lo absurdo con lo trágico.
Como sucedió en The Favourite o Kinds of Kindness, el director demuestra su habilidad para hacer de lo incómodo un lenguaje.
Más allá de sus rarezas, Bugonia ofrece una crítica social muy actual:
- por un lado, la cámara de eco conspiranoica, moldeada por algoritmos que alimentan el fanatismo;
- por el otro, la élite empresarial representada como una fuerza opresiva, una sátira que navega entre lo ridículo y lo inquietante.
Es una película sobre extremos enfrentados, pero también sobre cómo ambos lados pueden volverse igual de delirantes. En ese sentido, dialoga con la polarización política contemporánea, especialmente en Estados Unidos. Lanthimos señala sin sermón, ridiculiza sin suavizar.
Emma Stone está, como siempre, impecable. Su capacidad para mutar entre vértigo emocional, horror y humor físico encaja perfecto con el cine de Lanthimos, y Bugonia no es la excepción.
Sin embargo, la sorpresa, y gran actuación de la película, es Jesse Plemons, quien entrega uno de sus mejores trabajos hasta la fecha. Plemons logra navegar el arco más complejo: su personaje pasa por fragilidad, paranoia, violencia y vulnerabilidad sin perder coherencia. Es magnético, inquietante, devastador. Su nombre debería estar al frente en la conversación de Mejor Actor de Reparto, aunque el ruido mediático no lo esté reflejando todavía.
Sabiendo después que es un remake, Bugonia adquiere otro matiz. Su manufactura es más “limpia”, más accesible, más enfocada en funcionar para audiencias amplias. La película tiene destellos Hollywoodenses que la vuelven más digerible y menos críptica que otras cintas del director.
Esto no es un defecto, pero sí una señal clara: Lanthimos está negociando entre su sello personal y las exigencias del cine comercial. Bugonia no es tan desafiante ni tan radical como sus primeras obras, pero es probablemente su película más entretenida.
Y aunque no llega a lo mejor de su filmografía, sí es una de las películas más disfrutables y sólidas del año, que vale absolutamente la pena verla en cines; no solo por el espectáculo visual, sino por la experiencia colectiva: Bugonia se disfruta más cuando el público se ríe, se incomoda y se sorprende al mismo tiempo.



