Bajo la dirección del consolidado Francis Lawrence (Los Juegos del Hambre; Soy leyenda) llega a salas de cine Camina o muere, basada en la novela homónima de Stephen King, que publicó bajo el seudónimo de Richard Bachman en 1979.
La historia nos sitúa en un contexto donde, tras una devastadora guerra, el país quedó devastado y hundido en una crisis económica, por lo que el régimen militar obliga a los jóvenes a participar en una caminata donde pongan a prueba su resistencia y qué tanto sirven para salvar al país; sin embargo, la única regla es avanzar hasta el final o morir en el intento.
En esta nueva distopía, se plantea la resistencia física y el desgaste emocional y psicológico. Hay una atmósfera claustrofóbica a cielo abierto, donde el paisaje árido se convierte en un personaje más: hostil, silencioso y testigo del sufrimiento humano. A su vez, los planos cerrados en los rostros de los participantes transmiten la fragilidad de los protagonistas frente a un sistema que los convierte en simples números.
A pesar de ser una película coral, donde hay varios personajes que aportan algo especial a la historia, los protagónicos de Cooper Alexander Hoffman (Raymond Garraty) y David Jonsson (Peter McVries) logran captar toda la atención; la dupla te conmueve desde el momento en que comienza a germinar una amistad, hasta el giro del final que comprueba que la sobrevivencia tiene mucho que ver con quienes compartes las dificultades.
Camina o muere funciona como una alegoría del sacrificio impuesto por sistemas de poder que manipulan a la juventud con falsas promesas de gloria, en una sociedad que exige rendimiento constante a cambio de una supervivencia incierta. Aquí radica la mayor virtud de la película: su capacidad para invitar a la reflexión sobre la explotación, la obediencia y la búsqueda de sentido en medio de la deshumanización.
Sin embargo, la propuesta no está exenta de debilidades. El desarrollo a veces peca de subrayar demasiado su mensaje, y la falta de matices en los personajes antagonistas —representados casi de manera abstracta, el estado, la milicia— deja un vacío en la construcción del conflicto. Aunque esto refuerza la idea de un poder invisible y opresivo, también limita la complejidad dramática de la narración.
Esta es la tercera novela de Stephen King adaptada este año (The Monkey; The Life of Chuck), y parece que será la favorita, pues Camina o muere es una película arriesgada dentro del género distópico, con un tono más sombrío y reflexivo que otros títulos comerciales. Su fuerza visual y su crítica social la vuelven una propuesta interesante. Parece que, una vez más, Francis Lawrence no nos decepciona con una historia de este tipo y lograr su cometido, hacernos sentir tensión todo el tiempo mientras reflexionamos sobre nuestra existencia en un sistema político, económico y social.



