Con dinosaurios imponentes y nostalgia dosificada, Jurassic World Renace apuesta por la adrenalina familiar, aunque se siente predecible y sin mucho impacto.
Jurassic World Renace llega 31 años después del clásico Jurassic Park de Steven Spielberg. Es la séptima película de la saga y la cuarta desde que se relanzó con Jurassic World, ahora con nuevos protagonistas y una nueva dirección. El director Gareth Edwards y el guionista David Koepp —quien también escribió la original de 1993— se encargan de intentar revivir la franquicia con una historia que combina ADN de dinosaurio con conspiraciones farmacéuticas.
La historia se sitúa cinco años después de Dominion. En este mundo, los dinosaurios ahora conviven de forma normal con los humanos, aunque su presencia ya no genera el mismo impacto: dejaron de ser novedad. Todo cambia cuando una farmacéutica descubre que ciertos genes de los dinosaurios podrían prevenir enfermedades cardíacas, y financia una expedición ilegal a una zona prohibida en Ecuador. Ahí se cruzan con una familia liderada por el personaje de Manuel García Rulfo, quien está acompañado por sus hijas. Lo que parecía una simple misión de recolección de ADN se convierte en una pesadilla, pues descubren un laboratorio donde se realizaron experimentos genéticos con consecuencias inesperadas. Entre los dinosaurios protagonistas están el Titanosaurio, el Mosasaurio y el Quetzalcóatl, una criatura voladora que, como su nombre sugiere, conecta con la mitología mesoamericana.
Uno de los mayores aciertos de esta entrega son justamente los dinosaurios. El diseño de los tres grandes especímenes está impecablemente logrado, y las escenas en las que los personajes se enfrentan a ellos tienen la dosis justa de tensión y emoción. Visualmente, estas criaturas lucen espectaculares en pantalla grande y demuestran que el atractivo principal de esta saga sigue siendo ver a estos gigantes en acción.
La película también ofrece momentos entretenidos que logran mantenerte al borde del asiento, particularmente en las secuencias de suspenso, persecución y encuentros inesperados. Además, el intento por reconectar con la esencia del primer filme se hace evidente: se apoya bastante en la nostalgia, tanto visual como emocional. Ver a adultos que crecieron con Jurassic Park acompañados de sus hijos en la sala de cine no deja de tener cierto valor simbólico.
Sin embargo, no todo funciona igual de bien. El guion está plagado de conveniencias y huecos argumentales que, aunque ya son parte del ADN de la franquicia, resultan cada vez más notorios. Muchas escenas parecen forzadas, hay decisiones ilógicas por parte de los personajes, y se repiten los mismos giros que hemos visto una y otra vez desde 1993. La película tampoco aporta nada nuevo ni desde lo narrativo ni desde lo temático.
En cuanto a los efectos, aunque los dinosaurios principales están muy bien logrados, hay otros momentos donde se nota el abuso de pantalla verde o escenas mal integradas, que parecen haber sido regrabadas sin demasiado cuidado. Esto rompe un poco la inmersión, especialmente en una producción con tan alto presupuesto.
A nivel de personajes, la película desaprovecha el talento de su elenco. Actores como Scarlett Johansson, Mahershala Ali, Jonathan Bailey y Manuel García Rulfo cumplen, pero no brillan. Sus personajes no tienen el desarrollo suficiente como para dejar una impresión duradera, y da la sensación de que el guion se apoya más en su fama que en construir algo sólido con ellos. Incluso el nuevo personaje adorable, un pequeño dinosaurio apodado “Dolores” que lleva una niña en una mochila —una especie de intento de replicar el fenómeno de Baby Yoda— parece más diseñado para vender juguetes que para aportar algo real a la trama.
A pesar de sus errores, Jurassic World Renace no es una mala película. Cumple su objetivo como entretenimiento familiar y cumple con los estándares básicos de un blockbuster: hay acción, criaturas asombrosas, momentos de tensión y un par de ideas interesantes, aunque mal desarrolladas. Pero una vez que sales de la sala, la película se evapora de la memoria. Es un producto olvidable, hecho más por fórmula que por convicción creativa.
Y ahí está el mayor problema: esta franquicia ya no tiene nada nuevo que decir. Las referencias a la película original, los guiños nostálgicos, las fórmulas repetidas… todo eso ya lo vimos. Es hora de que la saga evolucione o se detenga. Quizás la única forma de hacerlo sea irse por un camino radical, como muchos fans han sugerido, y apostar por algo como Dino Crisis, un giro más oscuro, claustrofóbico y ambicioso.
Jurassic World Renace no es un desastre, pero tampoco es un renacimiento. Es una entrega más en una saga que se siente cada vez más estancada. Aún así, los dinosaurios siguen atrayendo multitudes, y probablemente esta película triunfe en taquilla.



