Enzo, la más reciente obra de Laurent Cantet y Robin Campillo, parece querer invitar al espectador a un viaje introspectivo sobre la identidad y la soledad a través de los ojos de su protagonista. Sin embargo, a medida que la cinta avanza, esa promesa inicial se diluye lentamente entre buenas intenciones y un desarrollo que, aunque cuida lo visual, no termina por consolidar un relato emocionalmente sólido ni convincente.
En una vida aparentemente llena de comodidades y estabilidad, Enzo, de 16 años, desafía las expectativas de su familia al comenzar un trabajo en albañilería, un camino muy alejado de la vida prestigiosa que habían imaginado para él. En su elegante villa del soleado sur de Francia, las tensiones aumentan mientras las preguntas insistentes y las presiones pesan sobre el futuro y los sueños de Enzo. Sin embargo, en la construcción, conoce a Vlad, un carismático compañero ucraniano que le abre perspectivas inesperadas.
A pesar de que toca temas importantes como la identidad, las clases sociales, la migración, el encontrar un propósito en la vida, no se sienten tan sólidos los planteamientos porque no hay un arco narrativo del protagonista, quien parece que únicamente experimenta conflictos sin llegar a un estado de transformación.
No hay un verdadero punto de inflexión que nos permita sentir que el personaje ha cambiado o comprendido algo esencial de sí mismo. El resultado es un retrato interesante, sí, pero también frustrante, porque el espectador puede intuir la profundidad que la historia quiere alcanzar, sin que la película logre materializarla.
Enzo es una película tiene claras intenciones de proponer una historia interesante, pero decepciona porque no termina de concretar. Tiene momentos de genuina emoción y una premisa con mucho potencial, pero su desarrollo irregular y su final inconcluso dejan la sensación de una historia que se queda a medio camino, como si el mensaje que busca transmitir la reconciliación personal se desvaneciera justo cuando estaba por despuntar.
A pesar de que este coming of age busca retratar el lado sensible de la adolescencia, de aquellas ganas de salirse de un camino trazado, de explorar lo que quizá podría ser otra vida, otro deseo, parece que solo se queda en ese loop de búsqueda que aparentemente por momentos encuentra salida, pero solo para retornar al mismo punto.



