Good Luck, Have Fun, Don’t Die: una sátira sobre el absurdo tecnológico que nos rebasa cada día

Buena suerte, diviértete, no mueras (Good Luck, Have Fun, Don’t Die) es un viaje estimulante sobre el inminente fin del mundo ante la dependencia tecnológica y la deshumanización digital donde el absurdo se supera constantemente.

El director Gore Verbinski (Piratas del Caribe; Rango; La cura siniestra) regresa a las salas de cine con esta comedia negra que resulta interesante pero también abrumadora. Parece un compendio de varios capítulos de Black Mirror, sobre el amenazante avance tecnológico en distintos aspectos de la vida y cómo tratar de derrotarlo o al menos detenerlo para que no se acabe la existencia humana. 

En una noche que parece como cualquier otra, varias personas están cenando en una cafetería cuando un misterioso hombre (Sam Rockwell) interrumpe la aparente normalidad para decir que es un viajero del tiempo, que conoce el futuro -bastante desolador- y viene a intentar por enésima vez reunir a un grupo para que juntos salven a la humanidad de una poderosa IA. 

Tras la sorpresa de este extraño visitante, el conjunto de voluntarios -y obligados- comienza a formarse: la pareja de profesores, Janet (Zazie Beetz) y Mark (Michael Peña); la mujer determinada, Susan (Juno Temple); el que no tuvo opción, Scott (Asim Chaudhry) y la chica alérgica al wifi, Ingrid (Haley Lu Richardson) quienes sin saber bien qué pasará comienzan la aventura para intentar salvar el mundo.

Conforme avanza la película conocemos el pasado de cada uno de los personajes, los motivos y las circunstancias que los llevaron hasta ese lugar. Y es aquí donde cuesta procesar todo lo que está sucediendo, porque por una parte vemos la historia de una madre desesperada que anhela estar con su hijo después de una tragedia y que gracias a la clonación puede lograrlo pero sabe que algo está mal; luego la pareja que trabaja en una escuela con adolescentes zombies que buscan atraparlos por no dejarlos usar su teléfono en paz; y la chica cuya tristeza es resultado del abandono de su novio que prefirió vivir en una realidad virtual antes que construir una realidad con ella. Entonces son varias historias ancladas a la base: salvar el mundo porque un visitante del futuro así lo dice. 

Y es que a pesar de que tiene muchos momentos divertidos y una crítica bastante clara sobre el problema sistémico que vivimos como sociedad, de pronto parece que todo se diluye entre tantos planteamientos y momentos delirantes del propio universo futurista y distópico que propone la película. De pronto parece que están en una espiral sin aparente final o tal vez con uno que no es lo que parece. 

Sin duda, es una película con la que puedes pasarla bien, reírte un buen rato y reflexionar sobre la adicción a la tecnología tan presente estos días, para después salir de la sala y googlear en tu celular si es cierto que existe una alergia al internet  cómo se cura. 

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